miércoles, 7 de octubre de 2009

Sobre la Ley y la Virtud y el por qué no todos los Hombres pueden legislar.

Se viene extenso...

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La Ley como concepto es fundamental en todo Sistema Político, siendo una Piedra Angular en cuanto al orden Social se refiere. Ahora bien, a grandes rasgos, la Ley como concepto es cierta regla que condiciona determinados fenómenos. Estas leyes emanan de ciertos Individuos, dependiendo de cada Autor que haya tocado el tema. En el ensayo presente se tomará a Santo Tomás de Aquino, escolástico medieval, el cual posee un sistema bastante peculiar. La Tesis a presentar se refiere precisamente a los Individuos de quienes emana la Ley, postulando que no todos los Individuos pueden legislar ni promulgar leyes, para lo cual me sustentaré en el Sistema Tomista. Para Santo Tomás, debido a su claro seguimiento de la tradición Aristotélica, la Virtud resulta un tema fundamental en el área de la Política, siendo un Agente Importantísimo en todo lo que a la aplicación de la Ley se refiere. Esto se ve claramente reflejado en la forma en que Santo Tomás plantea la legitimidad de la legislación entre personas. En el presente ensayo se comentará cómo él ve tal fenómeno, junto con ahondar en las concepciones conceptuales de su obra, y su aplicación dentro de su Sistema Político.

Un tema importante al momento de dilucidar la concepción Tomista de lo que es la aplicación de la Ley, es lo que Santo Tomás plantea como tal. Para él, la Ley es una regla y medida de nuestros actos según la cual uno es inducido a obrar o dejar de obrar[1], por lo que puede verse que posee un carácter restrictivo. Posterior a definirla de esta manera, pasa a ligarla directamente con la razón, perteneciendo a ésta como manifestación natural de ella. Por ende, estamos hablando de un principio dado a todos hombres, que rige inherentemente el desarrollo de ciertos actos y conductas. Esta Ley, según lo planteado por el escolástico, en realidad son distintos conjuntos de Normas, separadas por ciertos niveles de acuerdo a su grado de verdad. Principalmente, se distinguen tres: La llamada Ley Eterna, la Ley Natural, y la Ley Humana. A grandes rasgos, la primera es la Ley de Dios, aquella ley eterna e inapelable, perfecta, y verdadera por completo, que posee por dominio todo objeto en el universo, todo fenómeno, incluyendo al Ser Humano. Este último, como ser en camino a la perfección, es incapaz de ver la Ley Divina en su amplitud, pues para tal cosa, debería poseer un grado de perfección completo. Es aquí cuando surge el segundo gran tipo de Ley. La Ley Natural es aquella que surge en base a aquello inherente a todos los hombres, la razón como tal, y posee por principal base el promulgar el bien y evitar el mal. Por ende, se deduce que la Ley Natural emana de la Ley Eterna, puesto que la última implica también a como son regidos los Hombres por Dios. Por último, la Ley Humana surge directamente a partir de la Natural, siendo la concreción de la búsqueda de hacer el bien y evitar el Mal, es decir, concesiones hechas racionalmente a partir de tal canon. Esto se traduce a modo de lo que conocemos por Ley en el sentido moderno de la Palabra.

Con esto claro, se puede comenzar a dilucidar el por qué Santo Tomás no le confiere a todos los hombres la facultad de promover la Virtud en primer lugar, relegando tal tarea al Legislador, ya que si bien la Ley Natural provee en cierta medida tal tendencia a formar hábitos positivos y evitar hábitos viciosos, no todos pueden promulgar leyes positivas (es decir, humanas) con tal de lograr tal fin. Lo que la persona Privada (es decir, persona como parte de la Sociedad) puede hacer en cambio, es amonestar en base a tales leyes, mas no todo hombre puede legislar. Santo Tomás define lo siguiente: el primer principio en el orden operativo, del que se preocupa la razón práctica, es el último fin. Y, como último fin de la vida humana es la felicidad o la bienaventuranza, síguese que la ley debe ocuparse primariamente del orden a la bienaventuranza[2]. Esto denota que si bien la Ley es de carácter restrictivo como se mencionó anteriormente, posee además, una finalidad netamente en pos de la Felicidad, es decir, del vivir bien, por ende, está ligada al concepto de Virtud Aristotélico. Santo Tomás concluye que, la Ley, al poseer tales características, el ser propia de todos los hombres, y apuntar hacia la felicidad, basa su naturaleza en alcanzar el Bien Común.

Es propia de toda Ley pues tal característica, y es por ello, que surge el conflicto presentado en este ensayo. Si se considera a todo hombre como un ser netamente racional tal vez no se tengan problemas, pero el Ser Humano dista bastante de tener por sola Naturaleza la Razón. Santo Tomás reconoce el dualismo entre Alma y Cuerpo, es decir, entre razón y pasión, y toma tal concepción como una de las principales bases de lo que en la tesis del presente se plantea. Los individuos, si bien poseen inherentemente lo que hemos planteado como Ley Natural, viven en el dualismo de su razón y de su pasión, siendo la última muchas veces contraproducente para la plena manifestación de la primera, mermando el ejercicio de la Ley Humana. He ahí un argumento para afirmar lo expuesto. Al estar mermada tal Ley, es decir, al estar lejos de su aspecto Virtuoso, pierde validez por no ser racionalmente correcta, y por ende, al no apuntar al Bien Común.

He aquí un punto importante. Las Leyes son manifestación de Virtud siempre cuando sean formadoras de conductas positivas, es decir, que generen hábitos en pos de desarrollar los mejores aspectos de los Hombres. Es por ello que son transversales. Por ende, se puede establecer una relación entre transversalidad y Virtud, siendo tal relación una de las principales causas de porqué cada hombre no pueda “vivir en su propia Ley”, ya que al hacerlo, se violaría tal asunto. La pasión es netamente subjetiva en su proceder, por lo que al estar influenciando a la razón, la legislación que pueda hacer el individuo en cuestión no será cercana a la Virtud, pues ésta es un concepto alejado de todo vicio, los cuales son generalmente acarreados por la pasión, que dentro de sus características posee aquella que la hace no conocer fin en su deseo. La razón, al contrario, está netamente ligada a las Virtudes, siendo la sabiduría práctica bastante importante en tal cuestión. Ahora bien, la Sabiduría práctica tiene como una de sus características el no ser dada previamente, sino que se va adquiriendo a medida que el ciclo vital de hombre va avanzando. Tal asunto no deja de ser importante, puesto que al ser la Sabiduría práctica un fenómeno en constante actualización y proceso, no es igual en todos los seres, teniendo algunos una sabiduría mucho más acabada y virtuosa que otros. He ahí otra razón.

A continuación se analizará el asunto respecto a la institución de las Leyes. Santo Tomás menciona que ordenar algo al bien común corresponde, ya sea a todo el pueblo, ya a alguien que haga sus veces. Por tanto, la institución de la Ley pertenece, bien a todo el pueblo, bien a la persona pública que tiene el cuidado del mismo. Porque también en cualquier otro ámbito de cosas el ordenar a un fin compete a aquel de quien es propio este fin[3]. En si, la Ley emana del pueblo debido a su naturaleza del Bien Común, siendo ésta una propiedad del pueblo mismo, y de quien se elige como su representante, mas que de cada individuo de por sí, es decir, a las personas privadas. La racionalidad propia de las leyes, conlleva por ende, su fuerza en la colectividad, es decir, en la aceptación de tal ley como valida por el grupo de hombres afectado con tal ley. En caso de no ser aceptada racionalmente como tal, la Ley no posee validez pues no apunta hacia el bien común (como sucede en el caso de las Tiranías). Sobre esto, Santo Tomás enuncia: Es imposible alcanzar el bien común del Estado si los ciudadanos no son Virtuosos, al menos los gobernantes; porque en cuanto a los otros, basta para lograr el bien común que sean virtuosos en lo tocante a obedecer a quien gobierna[4]. Por ende, se espera que todo Hombre sea Virtuoso en cierto sentido, es decir, que esté bajo el alero de las leyes. De aquí se infiere que no puede haber leyes que no afecten a todo Hombre dentro de una Sociedad, ya que de ocurrir así, en el caso del gobernante, no estaría ejerciendo leyes como tal, sino para su conveniencia, y en el caso del gobernado, no estaría siendo virtuoso en lo único que se le exige ser, que es el obedecer la legislación del soberano.

A modo de contra argumento se puede mencionar el que todos los hombres tienen adscrita aquella capacidad de perfeccionarse mediante las virtudes, por lo que todos tienen la facultad para legislar. Si bien su base es correcta, los individuos no se perfeccionan de la misma manera ni al mismo tiempo, además de poseer concepciones distintas de acuerdo a su subjetividad dada por la Pasión. Por ende, los únicos legisladores validos son aquellos que el pueblo como un todo elija de acuerdo a si encuentran aceptables sus características para legislar, puesto que el pueblo es soberano mismo de sus propias leyes, compartiendo tal carga con quien vela por tal, es decir, el Gobernante.

Como conclusión se puede decir que, como se dice en la Tesis, no todos los hombres pueden legislar, aunque si bien, al estar ligados a lo que es La Ley como tal, si pueden amonestar en base a ella, pero no pueden crear sus propias leyes a menos que el Pueblo lo elija como apto para tal tarea. Esto ocurre debido a que la Pasión hace a los Individuos Subjetivos, por lo que aquellos que logran evadir tal cosa en base a su Virtud, son aptos para la tarea. Todos los hombres poseen inherentemente el querer buscar el bien común y evadir el mal, por lo que la colectividad como tal es un buen criterio para elegir a tal persona, puesto que la Fuerza de la Razón emana del Pueblo.



[1] Santo Tomás de Aquino. Suma de Teología II, parte I-II. Pág. 704. 2da Edición. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos. 1989

[2] Santo Tomás de Aquino. Suma de Teología II, parte I-II. Pág. 705. 2da Edición. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos. 1989

[3] Santo Tomás de Aquino. Suma de Teología II, parte I-II. Pág. 706. 2da Edición. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos. 1989

[4] Santo Tomás de Aquino. Suma de Teología II, parte I-II. Pág. 719. 2da Edición. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos. 1989

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Concordato

~Acorde de Do Menor...~
Ven hacia mi...
¡No hagas más el ridiculo!

~Acorde de Do Menor, Estaccato en Re#~
Mengua tu libertad dentro de los lirios en flor...
Encolerízate, repudia, comprende, rechaza...
¡Respóndeme!

~Cadencia de Sol# Mayor, base en Do~
Llora en mi hombro si quieres...Pero realiza algo...

Por favor.

Refrito II ~Ensayo: Hombre y Motor de Mundo~

La existencia del hombre es efímera, nada mas que un leve chispazo en el correr del Tiempo, un parpadeo que pasa inadvertido para la colectividad humana. Cuando el Ser Humano ganó conciencia sobre esto, empezó a formularse la misma pregunta que se ha preguntado hasta la Actualidad, pasando por toda la historia Humana: “¿Cuál es el Sentido de la Existencia del Hombre?”. Puedo dar certeza de que hasta el Hombre más primitivo se formuló esta pregunta, lo cual nos conduce a deducir las bases de lo que posteriormente llamaremos el Motor Principal de toda búsqueda Humana. Es esta pregunta la que ha movido a la Humanidad a lo largo del tiempo, y de sus múltiples hipótesis se han desprendido todos los movimientos intelectuales Humanos.
A Medida que la historia avanza, siempre se han diferenciado 2 Grandes Grupos Teóricos respecto a la resolución de esta Incógnita (que llamaremos desde ahora en adelante “La Gran Pregunta”): Están aquellos que ante la fuerza de los hechos de su entorno Biológico concluyen que no requiere búsqueda alguna el hecho de no saber el por que existimos. Se consideran productos de una ecuación primitiva que define el Inicio como el fin irrefutable para cada Ser: La Muerte (Condena Colectiva). En forma práctica podemos encontrar aquí a los Nihilistas o a los Post-Modernos en general, no tienen la necesidad de pensar más allá del acto mismo. Así, recorrerán su trecho vital por el simple hecho de recorrerlo, y vivirán por el simple hecho de vivir, puesto que tienen claro que su fin es seguro, que no vivirán más allá de su lecho de Muerte. No tienen necesidad de otorgar sentido a su existencia, puesto que ya manejan la respuesta que necesitan para estructurar su vida.
El otro Gran Grupo es aquel que en virtuoso e inagotable intento por vencer a la Condena Colectiva, buscara el Sentido primordial de nuestra existencia. De este proceso nace la Filosofía y la Búsqueda Humana en Rigor. De aquí proviene cada movimiento Espiritual, también, ya que estos, desde su primitiva concepción, buscan el dar una respuesta por medio de las creencias que no tienen sustento mas que la Fe. Este concepto será crucial para la correcta comprensión de este ensayo. Podemos definir Fe como la Creencia en que algo es verídico, sin otro fundamento más que la creencia Misma. Bajo el estandarte de estas creencias aparecerá otro concepto de crucial importancia, el cual definirá el objetivo final y Absoluto de cada acto que se lleve a cabo teniendo como sustento una creencia: La Trascendencia. Comprenderemos por trascendencia aquello que va mas allá de un acto concreto en si, es decir, las consecuencias de ese acto en plazo de tiempo posterior y perpetuo. Podemos llamarlo también Legado. El objetivo constante de este Grupo será, pues, el constante intento por acoger este concepto para si mismo, como forma de vencer a la Condena Colectiva. Así, cada uno de estos individuos en búsqueda formara un sistema de vida basado en la búsqueda Misma. De forma inconciente, cada partícula de su ser se verá consagrada a cumplir ese objetivo. Algunos verán la respuesta a sus preguntas en un Ser Superior, otros en la Búsqueda Misma. Ambos seguirán el Código que conlleve la Tarea Impuesta. De estos códigos, y de las resoluciones a las que llegue el Individuo respecto a su Búsqueda surgirán los Ideales. A estos los definiremos como un compendio de Creencias y Sentimientos Dirigidos, los cuales serán la Piedra Angular del sistema de Vida del Individuo en cuestión., al cual llamaremos desde ahora en adelante Idealista.
No olvidemos que estos individuos se mueven en un plano Social. Del plano Intra-personal, en el cual sucede todo lo descrito anteriormente, se pasará a un plano Inter-personal, es decir, a la Sociedad. A través de este plano físico se llevara a cabo la búsqueda, en el caso del Idealista, pues es aquí en donde se encuentran las respuestas a La Gran Pregunta. El papel que desenvuelva en ella determinara plenamente la dirección a seguir en su camino. En el caso del Nihilista, usara a la Sociedad como medio para cumplir sus aversiones, se desarrollará en este plano, mas no tomara participación activa en él. Respecto a la visión que la sociedad tiene sobre estos sujetos, se les podrá ver como Moralmente Correctos o Incorrectos. Entenderemos por Moral lo correcto ante la colectividad y lo que esta ve como aceptable, y a veces, propio. Así, la Sociedad apoyara o castigara al Individuo (La Sociedad puede estar formada por Idealistas o Nihilistas, mas en el peso de la colectividad, no actuara propiamente como tales Modelos.). El Idealista conciliará este estimulo a favor o en contra como un estimulo amigo o enemigo en contra del único enemigo real dentro de su sistema Vital: El Tiempo.
El Tiempo, pues, se verá como único adversario al ser el único que pone una barrera Infranqueable ante las ansias de búsqueda del Idealista. Todas las otra barreras serán entonces simples espejismos creados por este inexorable enemigo.
Retomemos un concepto que no ha quedado del todo claro: La Fe. La Fe da sustento a los Ideales, por ende es el motor funcional del Individuo en el plano Social, al no ser algo corpóreo y tangible, pasa por encima de cualquier barrera que el Sistema externo Imponga, mas al desarrollarse en un plano Temporal no puede vencer al Tiempo, recalcando a este como el Gran Enemigo. No hay avance Humano que no se haya llevado a cabo por medio de la Fe. No hay ecuación que no se haya resuelto sin haber tenido fe en que se daría un resultado. Los hecho científicos, a diferencia de lo que se cree, son la parte tangible de la Fe, la respuesta física al creer en algo mas allá de lo obvio. El Átomo, por ejemplo, no deja de ser una creencia basada en hechos científicos. Esto demuestra que la Fe, y lo que esta conlleva, es el Gran Motor del Mundo. Puedo decir con esto, que el Idealista esta en lo correcto. Me atrevo a decirlo sin hacer juicios de Valor, ya que el simple hecho de estar en Armonía con el entorno Social en su punto más Genital es Signo de Concordancia y, por consiguiente, razón.
Recapitulemos. Hay 2 grandes tipos de Seres Humanos respecto a su existencia: Los que no buscan respuestas, y los que sí. Los Primeros no buscan respuestas porque ya creen tenerlas. Los segundos, en cambio, siempre estarán en proceso de evolución al encontrarse en búsqueda de estas respuestas. Además, estos últimos utilizaran la Fe para estructurar su sistema Vital y sus ideales, creados por su Fe, para estructurar su plano Social. Obviamente estos 2 Grandes Grupos son netamente Teóricos. Cada Individuo poseerá parte de ambos sistemas en las Tribulaciones de su Vida, llegando incluso a renegar lo que una vez acogió y viceversa, debido a que por orden Natural, el Ser Humano es un Ser en constante Búsqueda, conciente o inconciente. Las respuestas que llegan a su conciencia nunca serán las definitivas, siempre se podrá indagar mas en el instinto de prevalecer (Recordemos que debido a esto el hombre se embarca en búsqueda). De esta forma, el hombre avanza, y la civilización con él.
Al parecer, nos hemos alejado un poco de la pregunta que se supone responda en este ensayo, ¡Claro que no! estamos a un paso de Concluir. Analicemos la existencia humana en la Tierra, su historia y el progreso que ha tenido y nos daremos cuenta de la respuesta misma. Persona que no se define a si misma muere bajo el peso del Motor de Mundo(Los Nihilistas no lo mueven, si nos fijamos bien.), o bien bajo el Peso Social. Ahora bien, esto es exactamente lo que el Hombre Intenta evitar, por lo que podemos concluir ante la pregunta “¿Cuál es el Sentido de la Existencia del Hombre?” que la respuesta por simple objetividad y análisis es prácticamente Ninguna. La verdad es que depende de cada Hombre el darle sentido a su propia existencia. Este sentido solo será un verdadero sentido cuando nunca se alcance, ya que si se alcanza, desaparece, y con él el sistema de vida del individuo en cuestión. Cada Búsqueda personal escribe un renglón en la historia colectiva, ya que todos formamos parte de un Gran Ente conocido como Mundo, por lo que el que busca respuestas a su Vida y al por que de las Cosas, siempre trascenderá.

Refrito I ~Preludio a...~

Despertó. Sus ojos escrutaron el horizonte. La luna se mostraba lúgubremente en el cielo, ya iluminado por un prematuro y tenue Sol. Observó en donde se encontraba. Yacía él en la orilla de un camino, bajo el verde follaje de un árbol, en el cual se apoyaban su espada y armadura. Los restos de una fogata perfumaban el ambiente mientras decoraban el aire con intrincados diseños hechos por el humo. Un libro descansaba al costado de su rodilla. Vio la portada: Demián, de Hesse. Recordó que lo había acompañado durante todo el viaje, el cual parecía ya una vida completa, pero que sin embargo, no podía pasar del capitulo V, ya que siempre que lo terminaba sentía que algo no había comprendido, por lo que se obligaba a empezar el libro de nuevo. Se sentía prisionero de aquel libro, pero sin embargo, no podía evitar el goce al leerlo una y otra vez, siempre con el mismo resultado. Esta vez, en cambio, optó por arrojarlo lejos, no podía vivir en aquel capitulo por la eternidad, pensó, mas se dio cuenta de que lo correcto seria dar vuelta la pagina hacia el siguiente capitulo, y no retroceder. Los cabos sueltos se atarán después, se dijo para si mismo.
Mas no podía olvidar a aquel libro al lado del camino, después de todo, el había sido su único y verdadero compañero a lo largo de su viaje, compartían las experiencias y desgracias, alegrías y tropezones, era una parte mas de él. Renegarlo habría sido como renegar una parte suya. Pensado esto, el caballero se levantó de su reposo, y avanzó hacia donde había caído el libro, luego de recogerlo, se incorporó, y observó el paisaje detenidamente. Las montañas, azules, se alzaban a lo lejos, más allá del bosque en donde tendría que adentrarse en unos días, un lago podía verse a la distancia, seguido de una vertiente de un río, traído por las colinas que se erigían hacia el norte.
Volteó la vista, hacia el camino que había recorrido ya, y las vio. Vio aquellas horribles, pero maternales Puertas, que tanto había querido cruzar, pero que tanto le había costado. Se alzaban, orgullosas aún, firmes en su sitio, esperando a mas viajeros que intentaran cruzar para seguir su camino. El caballero no se asustó, puesto que tenia la suposición de que nadie mas estaba haciendo este viaje, lo que al menos le dio un poco de seguridad. Con esta imagen, el joven empezó a recordar los sucesos de la noche anterior….

Odio~

Odio a quienes mienten,
odio a quienes traicionan,
odio a quienes esperan cosas a cambio,
odio a quienes hablan por detrás,
odio a quienes cruzan solo con luz verde,
odio a quienes no comen chicle,
odio a quienes no fuman,
odio a quienes no toman,

En resumen,
Me odio a mi mismo.